Artículo de Juan Pastor para la Revista Godot

Muchas veces me he preguntado por qué nos empeñamos en mantener el proyecto Guindalera a toda costa, a pesar de las dificultades con las que constantemente nos estamos enfrentando y que llegan a veces a producir situaciones verdaderamente angustiosas por esa obcecación que, como nosotros posiblemente mas gente padece en esta gran familia del teatro en nuestro país. ¿Por qué no salir de este pequeño recinto y emprender proyectos que generen una mayor repercusión social estrenando en espacios mas amplios, utilizando estrategias mas adecuadas para acercarnos al gran público, usando estímulos mas atractivos para los medios y cumpliendo con unas características en la programación que nos exigen las normativas de las instituciones oficiales, pero que nos alejan de nuestros objetivos como centros de creación con un sello propio o  simplemente nos centramos en tener unos buenos ingresos de taquilla…?  Al buscar una respuesta unas veces pienso, que como ocurre en la vida, casi nunca vamos a donde quisiéramos ir, sino a donde la vida nos lleva y si lo aceptamos como algo positivo sin traicionarnos a nosotros mismos, y eso es muy importante, descubrimos que lo que sucede es lo adecuado y por tanto se convierte en un alivio existencial. Pero otras veces y creo que mas convencido, después de analizar todo tipo de razones egoístas, altruistas,  emocionales, prácticas, de principios…., llego a la conclusión de que

Guindalera es lo único que podía hacer o que se me permitía hacer si queríamos responder con honestidad a la fuerte llamada o motivación que padecemos algunos de los que amamos el teatro en nuestro país.

Con total independencia, sin dejarnos influir por cantos de sirenas y con el convencimiento de que para eso tenemos que pagar un precio alto, pensamos que Guindalera debe ser un lugar acogedor que permita una serena reflexión, que pueda convertirse, aunque sea durante unas pocas horas en un refugio que alivie el espíritu cansado por tanto despliegue de estímulos, afanes de estar a la última o de sorprendernos con grandes estímulos alejados de lo que nosotros consideramos que es la función mas necesaria del hecho teatral.

Un gusto teatral es nuestro lema, gusto para los sentidos, la inteligencia y sobre todo el espíritu. Un espacio en el que la distancia entre los actores y los espectadores es tan corta que se puede leer en la retina de los ojos de aquellos y conectar con la verdad mas íntima y desnuda de sus expresiones y escuchar el jadeo mas profundo de sus emociones y hasta incluso el latido de sus corazones.

Un espacio de íntima conexión para compartir los anhelos, deseos casi siempre no realizados, temores, inquietudes pero también gozos que nos plantean las obras de autores escogidos con toda minuciosidad. ¿Eso es un lujo o una exigencia en sociedades como la nuestra?

Guindalera, como centro de creación y exhibición con un sello propio, siempre ha querido beber de los grandes autores universales. Hemos montado a Cervantes, Shakespeare, Calderón, Ibsen, Chejov, Lorca, Valle Inclán, Pinter.., pero también nos interesan los autores contemporáneos con los que podamos establecer una fluida comunicación como Brian Friel, Sanchís Sinisterra, Ignacio Amestoy o Juan Mayorga y mas si en el proceso de creación de la misma obra podemos tener una participación activa con el autor. Esta sería la forma ideal de presentación de nuestros espectáculos, ya que sobre todo somos un centro de creación.

Por eso en nuestro próximo trabajo nos hemos planteado la autoría de una nueva obra. Una reflexión sobre la naturaleza del amor como componente básico para la felicidad de los seres humanos. Partimos de una adaptación de una novela de Chejov, que se irá enriqueciendo con la experiencia práctica en los ensayos con los actores y el equipo de dirección con aportaciones nuevas extraídas de toda la obra del autor y centrándonos en una de sus principales preocupaciones: ¿por qué el ser humano, mereciéndoselo, no llega a ser feliz durante su corta existencia?. ¿Alguien podría ayudarnos a encontrar alguna respuesta que enriquezca nuestro trabajo?

JUAN PASTOR para GODOT

Abril 2011

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4 comentarios en “Artículo de Juan Pastor para la Revista Godot

  1. Impresionante el artículo de Juan Pastor. Me ha emocionado. Se lo he leído a una amiga actriz y también lo ha hecho. Qué maravilla poder expresar así de bien lo que sientes. El artículo está lleno de VERDADES extrapolables a la propia vida. Gracias por darme a conocer ése pequeño escondite lleno de arte e ilusión en medio de un Madrid cada vez mas impersonal y saturado de “estímulos”.

  2. Preciosas palabras de Juan Pastor en la revista de mayo, así es como yo percibí y me sentí en Guindalera, la esencia de esa sala sólo es explicable cuando se visita y se respira, como dice Ariza (otro espectador de la sala) “no sé que tiene Guindalera pero una vez la visitas te engancha”.

    La cercanía con algo tan mágico como el teatro, que unas personas, que tienes a un palmo te miren a los ojos y sientas que de verdad están enamorados o sienten odio o están contentos, magia. La primera vez que lloré viendo una obra de teatro me quedé perpleja, nunca pensé que me pasaría algo así ¡qué emoción tan fuerte!, ¡es que estaba allí esa persona (ya no era actor para mí) sufriendo!.

    El Juego de Yalta es una maravillosa obra con unos maravillosos actores, en un segundo estás metido en esa historia de amor, historia que si no tuviera la edad que tengo no volvería a ver (siempre me ha pasado con películas o libros que no acaban como yo quiero, como Casablanca y ahora las veo y entiendo sin problemas, aunque siempre me queda un poco de esa rebeldía) y que con el paso del tiempo te das cuenta que es así como debe ser (María, la actriz del montaje, me dijo: “cómo la vida misma” y casi se me saltan las lágrimas, la rebeldía de la que hablaba antes, y nos abrazamos). Me preguntaron si creía que ella existía; “¡claro que sí!” dije, claro que todo existió y con una fuerza más real que la vida que cada uno llevaban aparte, su vida y su realidad era donde estuvieran juntos, pero también digo que cuando todo acabó ni ellos mismos sabrían decir si todo existió, si fue real… Si pudiésemos hablar con ellos, seguro que dirían que aquello nunca pasó, quizá motivado por su otra realidad no estropeada.

    Fue un GUSTO TEATRAL así, en mayúsculas.

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