¡Cómo les va la marcha!

(Escrito por David Cano para notodo.com, para eer en su fuente original pulsar aquí.)

Lo que les gusta afrontar un reto a los del Teatro Guindalera… ¡Cómo les va la marcha! Un texto complejo, autores no socorridos -en este caso, y por suerte, representante contemporáneo y agitador de la innovación dramática española: José Sanchis Sinisterra- y con obra generalmente también difícil, con inclinaciones por el análisis y la psicología clínica y analítica de distinto nivel (y las lecturas multidimensionales resultantes), la comunicación e incluso la semiótica; los monólogos complejos para sus actores -auténticos artefactos andantes con una capacidad ilimitada para memorizar, asumir, vivir y reproducir sintiendo, representando-; los roles; los elementos (o artilugios) alarmantes; lo no dicho y lo no visto; lo que no está pero está. Lo que les gusta ser un auténtico laboratorio de investigación teatral, desactivar los límites, poner a prueba al espectador, volcarse sobre piezas hondas de casos extravagantemente bellos y emocionarnos. Lo que les gustan los problemas importantes y mirarlos a la cara para restarles importancia. Y señalarnos. Y recordarnos lo que somos. Lo que les gusta recordárnoslo. Lo que les gusta.

La fascinación y el asombro inacabable por la psique vuelve a inundar las paredes (y lo que sigue más allá) del Teatro Guindalera de la mano de Juan Pastor con una obra del autor valenciano (sólo estrenada antes en Brasil) con un título tan estremecedor como inquietante, tan maravilloso como el síndrome que se aborda en La máquina de abrazar: el autismo. Al montaje asistimos como público teatral para devenir, sin comerlo ni beberlo, auditorio especializado y colegas de Miriam Salinas (Jeannine Mestre), una comprometida investigadora y psicóloga clínica que nos alumbra con una ponencia entusiasta sobre el síndrome y nos ejemplifica su arenga a través de su caso más sobresaliente, el de su paciente Iris de Silva (María Pastor), autista, y, como tendrás el gusto de comprobar, una auténtica privilegiada. Con una escenografía limpia y cierta sofisticación técnica, viajamos pasmados a través del autismo y de una (más que sutil) relación personal entre la científica y su paciente. Entre un universo y el otro. Desde el silencio hacia la palabra, desde la soledad hacia la gente…, desde la oscuridad hacia la luz. Un viaje intelectualmente exigente que merece la pena por nuestro teatro y por la diversidad de las personas. Porque es esto lo que nos ayuda a entendernos. Y esto es lo que nos gusta. Lo que nos gusta.

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